«MEMORIAS DE UN DESCONOCIDO» SEPTIMA ENTREGA DEL CAPITULO 1

         El abuelo, Nicolás Molina Tenía un gran prestigio entre todas las clases sociales. Y como era el suegro del marido de su hija y abuelo de su primera nieta hizo uso de todas sus influencias -que eran muchas- y pudo salvar la vida del marido de su hija.

         Otro detalle que mi madre me contó sobre el abuelo fue que cuando murió siguieron su féretro hasta el cementerio una gran multitud en señal de duelo y que hicieron todo el trayecto andando, como era la costumbre, para darle su último adiós. No puedo contar mucho más sobre él ya que no llegué a conocerle pero estos hechos fueron tan transcendentales que quiero exponerlo aquí antes de seguir con el resto de mi familia.

La casa

         Estaba situada en una zona alta y era enorme. Tenía dos plantas -contando la baja-. Las puertas de la calle eran de dos hojas, daban al zaguán, también muy amplio, ahí te encontrabas con otra puerta que daba acceso a la casa. Esa otra puerta era de tal belleza y calidad que no me atrevo a describirla. A continuación había un corto y ancho pasillo que llegaba hasta el patio. Un patio típico andaluz que servía a su vez de distribuidor a todas las habitaciones y dependencias de esa planta. También había unas escaleras que subían a la planta superior. Esas escaleras desembocaban en un corredor que hacía las mismas funciones que el patio, o sea, distribuía todas las habitaciones de arriba. Había tanto espacio que pudo instalarse también la mencionada panadería.

         El patio estaba lleno de macetas y flores así como la palmera en el centro -de los cuales tengo mis primeros recuerdos como he         comentado al principio-. Tenía también la casa una bodega que en su día sirvió para guardar el vino y el aceite, pero cuando yo era pequeño ya no se utilizaba para eso y sólo nos servía para jugar en ella con otros niños vecinos. Allí nos lo pasábamos muy bien pues era muy divertido jugar a meternos en aquellas grandes tinajas que en otros tiempos tuvieron usos más útiles.

         Desde el mismo patio se entraba en la cocina y también a los obradores y al horno ya que estaban los tres unidos. La cocina era tan grande que conservaba la artesa. Además tenía a la derecha una alacena con una ventana que daba a la escalera. Allí, entre otras cosas había dos tinajas, éstas más pequeñas que las del sótano, que se usaban como depósito de agua, Al fondo y a la derecha estaban los fogones y, al lado, había una habitación a la que se le dio el uso de cuadra para nuestro gran burro.

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