
Como colofón de esta segunda parte de mis memorias voy a hablar de mi esposa Pili, persona noble donde las haya, que, aun habiendo mucha diferencia de carácter entre ambos, al final convergemos por pura inteligencia.
Ella tuvo la suerte de nacer con unos padres que se tenían mucho amor, y, en consecuencia, ese amor lo volcaban en sus dos hijas, ya que Pili tiene una hermana un poco mayor que ella, de la que más adelante hablaré.
Pili, siendo aún muy niña, estuvo una larga temporada enferma en la cama y fue cuidada por sus padres, sobre todo por su madre, con todo ese amor que nunca faltó en sus progenitores.
Cuando un ser humano recibe un amor tan puro y desinteresado, guarda todo su agradecimiento en la memoria hasta que llega el momento de hacer uso de ese amor que con tanta ternura recibió en el pasado. ¿Y con quién mejor iba a usar ese tierno amor que con quien lo recibió de sus padres, sobre todo, como he dicho, de su madre, que seguro que pasaría noches al lado de su hija mientras seguía en la CAMA?
Por supuesto, Dios quiso que así ocurriera, y efectivamente, su madre padeció una embolia cerebral. Después de un largo tratamiento, pasaron bastantes años en los que la madre de Pili necesitó de su hija para poder vivir de una manera lo más digna posible.
Hay un refrán —y la madre era muy dada a los refranes— que dice así: “HAZ EL BIEN Y NO MIRES A QUIÉN.” Dios quiso que madre e hija quedaran satisfechas y compensadas. Todas esas circunstancias perfilan un carácter, y si es de esta naturaleza, siempre será un CARÁCTER DE PURO AMOR.
Lo único que puedo decir al respecto es que siento envidia sana y reconozco que el amor está, o debe estar, por encima de toda circunstancia, y que es más práctico solucionar cualquier contienda con amor que con litigio.
He prometido hablar de la hermana de Pili, pero no lo voy a hacer, ya que ella sufriría con lo que yo dijera de su hermana, pues es tal el amor y el buen sentimiento que profesa hacia ella que, aun con el trato que recibe, no lo tiene en cuenta y ayuda a su hermana por encima de toda ofensa. Esta es Pili.