
Estando en estas circunstancias, y por supuesto con un cabreo monumental, pensaba en la gran obra que había hecho y me invadía una rabia de impotencia que, afortunadamente, no era una depresión, sino solo eso: puro cabreo. Y por ello doy gracias a Dios.
En mi casa yo siempre era quien se lavaba sus camisas con un sistema que no había que plancharlas. Digo esto porque, en casa de mi hermana CARMELA, también hacía lo mismo.
Si existe Dios —y yo deseo que exista— toda esa mala gente debería pagar por su incompetencia, ya que los talentos que recibimos, algunos, se los llevan de este mundo sin haberlos usado, y cometen el peor de los pecados: no enseñar al que no sabe y quitarle la comida al hambriento.
Pero, como he dicho, no hay peor persona que el funcionario que ha llegado a tener poder siendo un auténtico zoquete, y además un inconsciente para desarrollar el cometido para el que ha sido nombrado. Esto, por desgracia, lo sufre día a día la mayoría de la población.
De todas maneras, esto es lo que hay: tú pones en marcha tus talentos, los que has recibido, creando empresas y puestos de trabajo, y llega el zoquete del funcionario y te dice que falta el papel principal para que puedas iniciar las empresas que has creado, con todo lo que eso significa después de la inversión hecha.
Este individuo, además de decirte que está cumpliendo órdenes, muestra satisfacción al ejecutar dicha orden, aunque eso signifique perjudicar la economía particular de un empresario y, lo que es peor, la economía en general.